Aceptando errores (1)

Aceptando errores (1)

Por momentos pensé que iba a perder algún dedo del pie, pero me alegra anunciar que fue solo un susto.

Hace unos días escribí acerca de mi experimento tolerando frío y cómo le hice daño a mi cuerpo por pasarme de valiente.

Lo más preocupante fue un dolor en los dedos de mis pies. El exceso de frío hizo que enrojecieran y me dolieran.

Era como el dolor de un golpe pero en lugar de tener un hematoma (morado), fue como si me hubiera golpeado solo en el interior de la piel. Raro.

Desde el principio pensé que podía ser el frío pero seguía teniendo el mismo dolor después de un par de días usando calcetines y pantuflas (antes los estaba evitando). Llegado ese punto me asusté de verdad.

«¿Será que tengo que ir a que me vea un doctor?» No podía creer que me fuera a pasar algo verdaderamente malo solo por querer tolerar más frío de lo normal.

Mis dedos tardaron unos cuatro días en recuperarse. Todavía están arrugados, pero ya no me duelen.

¿La lección?

Es cierto que el cuerpo avisa cuando hay algo mal, el problema es que muchas veces estamos tan cegados con lo que queremos (en este caso las ganas de aumentar mi resistencia al frío) que no le prestamos atención.

Yo predico a diestra y siniestra lo importante que es escuchar al cuerpo y aún así aquí estoy contándote cómo no escuché al mío y terminó regañándome. Practicar la consciencia corporal parece ser un trabajo para toda la vida.

Menos mal hubo final feliz. Este post se podría haber llamado «cómo perdí un dedo por inventar cosas raras.»

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