Se acabó la guerra

Se acabó la guerra

A D. Pablo G.

Madrid a 30 de diciembre de 1945.

Querido hermano.

Ha sido un año de locos, pero debo admitir que siento cierta nostalgia al verlo llegar a su fin.

Al fin terminó la guerra que parecía no tener final. Una guerra donde solo ha habido perdedores a pesar de que emisoras de radio y periódicos aclamen la «victoria» de los aliados. Siguen esforzándose por simular que esto fue un combate de boxeo en lugar de un siniestro episodio donde han muerto más inocentes de los que deberían morir en 100 años.

Aún así, suerte tenemos quienes podemos encontrar el lado positivo incluso en el escenario más desolador.

Hace unas semanas, por ejemplo, fui testigo de cómo un militar de alto cargo experimentó una profunda epifanía.

«¡He abierto los ojos!» dijo mientras bajaba las escaleras de la iglesia «todo este tiempo aproveché mi posición para acumular riquezas y ahora me doy cuenta de que solo trataba de huir de mis miedos. ¡Que bien se siente saberlo, joder!».

«Ahora entiendo por qué ninguna de esas joyas ni costosos cuadros que robé sirvieron para calmar mis nervios. Se me revuelve la tripa de solo pensar que llegué al borde de la locura por buscar en lo externo la cura de mi dolor interno. Fui un tonto, ¡pero qué feliz soy ahora que sé lo venenoso que puede ser el apego por lo material!».

Poseo decenas de historias como esta, hermano, de individuos que sometidos a la peor de las presiones descubrieron las más simples y liberadoras verdades de la vida.

Ya te contaré alguna otra cuando te escriba nuevamente en los próximos días, pero por ahora os deseo una muy feliz salida y entrada de año a ti, Paco y Almudena.

Abrazos.

Juan.

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