Milagros

Milagros

¿Qué tal si te digo que la nevada de Madrid es una de las mejores cosas que me ha pasado desde que llegué a esta ciudad?

Los que no viven aquí no entienden el sentimiento. Piensan que fue solo una oportunidad para «farandulear» en Instagram, pero yo opino que fue más profundo que eso.

En esta ciudad se respira estrés. El trato de la gente es bastante agresivo (al menos en comparación con el trato al que está acostumbrado un venezolano) y no es nada raro escuchar fuertes discusiones en la calle.

La nevada, casi mágica, cambió completamente el ambiente por un par de días.

Los adultos jugaron en la calle como si no recordaran el COVID.

Desconocidos rieron juntos como amigos de toda la vida.

Los perros y los niños… Eso es otra historia. Ellos vivieron algo inigualable.

En general, la ciudad bajó la velocidad y se notó la diferencia. Las calles cerradas se convirtieron en parques de juego y las caras tristes se convirtieron en risas con acento español («jajajaja, hostia»).

Y yo, viendo la magia desde mi ventana, me pregunté si esto sería un pequeño premio después de tanto sufrimiento.

Madrid ha sido una de las ciudades más afectadas por el virus y tener un par de días fuera de lo común le cayó bien hasta el más amargado de los amargados.

Mi novia lo dijo y para mí tuvo sentido: «¿Será que esto es una señal de lo que viene en este 2021?»

Creerlo dependerá de muchos factores. Cada vez es menos la gente que cree en milagros.

¿Sueles creer en este tipo de «señales»? Si no lo haces, lo más seguro es que pienses

«Nah, yo creo que no».

Y eso está bien, pero, ¿Y si sí?

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