3 consejos que le doy a la gente que quiero

3 consejos que le doy a la gente que quiero

«¿Esa es la vida que me espera? ¡Qué desgracia!».

Mi vida universitaria fue complicada. Estudié una carrera que odiaba (Ingeniería Civil) e invertí cinco años y medio estudiando para obtener un título que no tenía intención de utilizar jamás.

¿Por qué hice tal locura? Porque era «lo más fácil».

Si no lo hacía, si decidía cambiar de carrera, de universidad o incluso de ciudad, saldría de mi preciada zona de confort. Estaba sufriendo, pero al menos sabía cómo hacerlo.

Además, ¿Adónde iba a ir? ¿Qué iba a hacer? ¿Quién me iba a apoyar? Todos mis amigos estaban sufriendo exactamente igual que yo y nadie parecía hacer nada al respecto.

Mis padres, tíos, y en general todas las personas mayores estaban muy complacidas con el camino que llevaba. «Otro ingeniero en la familia» era lo que decían. ¿Quién era yo para romper el molde y hacer otra cosa más que lo que se esperaba de mí?

Este es el tipo de situación que amerita cambios drásticos. Cambios para los que no estaba (ni de cerca) preparado en el momento.

Para salir de ese agujero necesitaba desarrollar cierta intención, exponerme a ciertas experiencias, consumir información adecuada, rodearme de personas diferentes… En fin, varias condiciones y habilidades que yo no tenía.

¿Cómo salí de eso?

No lo hice. Terminé graduándome como todos mis amigos y recibiendo el esperado papel con mi nombre que mi mamá quería para la pared de la casa.

Afortunadamente, mi historia no termina allí. Indignado con el camino que se presentaba ante mis ojos (luchar para buscar trabajo como ingeniero, revalidar mi título en otro país, seguir estudiando en un sistema de educación que no respeto…) decidí tomar diferentes acciones que me ayudaron a evitar este destino.

Gracias a dichas acciones, actualmente tengo una vida que se acerca bastante más a lo que quiero: tengo un trabajo relativamente bien pagado, tiempo para estudiar cosas que me gustan y flexibilidad suficiente para trabajar en mis proyectos personales.

Tanto es así que tengo la posibilidad de escribir este artículo desde mi puesto de trabajo.

No tengo la vida perfecta, pero me siento en mayor control de la situación que cuando estudiaba en la universidad. Mil veces más.

Mis 3 consejos

Los problemas que más te preocupan tienen solución. Tú también puedes dejar una carrera que odias, terminar una relación tóxica, salir de la casa de tus padres o pagar esa deuda que te está arruinando la vida.

Para lograrlo deberás hacer muchas cosas, pero lo primero y más importante es:

  • Poner tu mente en el lugar adecuado y darle tiempo trabajar en el problema (o los problemas).
  • Adquirir la información necesaria para actuar sabiamente.
  • Buscar ayuda.

Una vez le permitas a tu mente trabajar a fondo con las herramientas necesarias y la ayuda de alguien con experiencia, es solo cuestión de tiempo para que las piezas empiecen a encajar. Ningún problema puede sobrevivir a este enfoque.

Hay miles de acciones que puedes tomar en cada paso de esta estrategia, pero si no tienes idea de por donde empezar, aquí tienes un consejo para cada uno de dichos pasos.

1. Dedica menos tiempo al entretenimiento

Más específicamente, dedica menos tiempo a tu teléfono.

La mayoría de las personas no sabemos lidiar con nuestros problemas y nuestro mecanismo de defensa es escapar de ellos.

Lo malo de escapar de nuestros problemas es que siempre vuelven. Puedes pasar una, dos o tres horas viendo Instagram para olvidarte de tu falta de dinero, pero tú mejor que nadie sabes que apenas cierres la aplicación el primer pensamiento que te llegará a la mente tendrá que ver con dinero.

Yo te propongo algo diferente: en lugar de huir del problema, enfréntalo. El primer día podría ser el infierno en la tierra, pero tú no te preocupes porque así como pasa la alegría, esto también pasará.

Con un par de días practicando este enfoque las ideas empezarán a llegar. Confía en tu propia mente y verás los resultados.

2. Lee libros

«Es que a mí no me gusta leer» es lo que dicen todos hasta que consiguen ese libro que les cambia la vida.

Empieza por uno sencillo, corto y que esté relacionado con el problema al que te enfrentas. Abrir un libro es abrir una ventana hacia la mente de un experto que pasó por todas las dificultades que tú estás experimentando y salió victorioso. Nunca verás a un ansioso leer un libro acerca de la ansiedad y decir «ojalá no lo hubiera leído».

Si no sabes por donde empezar, te daré una recomendación que puede servirle a cualquier persona en cualquier situación: El Monje Que Vendió Su Ferrari de Robin Sharma.

¿Lo has escuchado? Por algo es uno de los libros más famosos que hay en la actualidad.

Te recomiendo que descargues una muestra gratuita en tu teléfono a través de Amazon y si te engancha, lo compras. Si no, sigue buscando.

3. Ve a terapia

A diferencia de lo que piensa la mayoría, la psicoterapia no es «para locos». De hecho, lo loco es no ir a terapia al menos una vez en tu vida.

Todos hemos tenido la experiencia de contarle nuestros problemas a un amigo y sentirnos mucho mejor después de hacerlo. Ahora imagina cómo te sentirías si en lugar de un amigo tuvieras a un experto en escuchar problemas.

Alguien que lo ha hecho diariamente por años y cuyos consejos están respaldados por una ciencia que tiene décadas estudiando y resolviendo problemas como los tuyos. Mucho mejor que el «yo te entiendo» de tu bien intencionado amigo, eso seguro.

En resumen: ve a terapia. Al igual que con los libros, rara vez escucharás a alguien lamentándose por haberlo hecho.

Yo he ido a cuatro sesiones de terapia en mi vida y he salido de cada una de ellas pensando «no puedo creer que una experiencia tan simple resulte tan maravillosa».

Antes de irte

Recuerda: dale tiempo a tu mente para pensar en el problema, bríndale las herramientas (información) necesarias y busca ayuda. Ningún problema puede sobrevivir ante este enfoque.

Tres consejos simples para empezar a utilizar esta estrategia son:

  1. Dedícale menos tiempo a tu teléfono.
  2. Lee libros.
  3. Visita a un terapeuta (siempre y cuando esté en tus posibilidades).

Los humanos somos máquinas de resolver problemas, así que confía en ti mismo/a y dale con todo a ese obstáculo que tanto te preocupa.

La única forma de fallar es rindiéndote. Enfócate en no hacerlo y todo saldrá bien.

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