Mi peor c*gada del 2020 (Parte 1)

Mi peor c*gada del 2020 (Parte 1)

Todo empezó cuando dije «ok, acepto la oferta. Mi número de cuenta es:…».

A mediados del año pasado me sucedieron dos cosas geniales.

La primera: me compré una moto. Esta moto pequeña, usada y no demasiado sexy se convirtió en mi primer vehículo propio desde que salí de Venezuela en el 2018. Al fin podría moverme la ciudad sin perder tanto tiempo en el transporte público.

La libertad que me aportó fue genial, pero la segunda cosa fue aún mejor: la compra de la moto nos dio a mi novia y a mí la posibilidad de mudarnos.

El piso (apartamento) donde vivíamos no estaba mal, pero luego de un año viviendo allí empezamos a sentirnos incómodos con la vibra que se respiraba en el ambiente. Los vecinos, normalmente maleducados y sucios, eran nuestra principal motivación para mudarnos, pero hasta ahora no habíamos hecho ningún esfuerzo serio por cambiar de aires.

Eso cambiaría el día que compré la moto, que fue algo así como una segunda Navidad para mí.

Estaba increíblemente feliz, todo parecía ir bien en mi vida y tenía esa energía de «soy el mejor» que todos hemos experimentado alguna vez en la vida. Tú sabes a lo que me refiero.

Para esas fechas mi novia llevaba semanas revisando diariamente una aplicación de alquiler de apartamentos (Idealista).

Nunca encontraba nada que se ajustara a lo que queríamos y el tema quedó en el olvido por mucho tiempo, pero ese día (justamente ese día) se encontró con un anuncio que parecía mandado a hacer para nosotros.

—Mira, mi amor, volvieron a publicar el piso que vimos la otra vez—me dijo.

Meses antes habíamos tenido un episodio con la inmobiliaria encargada de nuestro piso y decidimos que debíamos buscar opciones para mudarnos.

Estábamos decididos a hacerlo, pero la motivación duró poco porque pronto descubrimos que no era el mejor momento para mudarnos. Nos quedaban dos meses de contrato en el piso anterior y había una multa que no queríamos pagar.

En ese arranque de rebeldía, que duró solo un par de días, tuvimos la oportunidad de ver un apartamento que nos encantó y que podíamos pagar. Quedamos enamorados.

El único problema era que estaba muy mal ubicado con respecto al transporte público y eso sí era algo que no podíamos permitirnos. Incluso si decidíamos romper nuestro contrato para mudarnos no podríamos vivir allí.

Fue triste, pero finalmente decidimos dejar pasar la oportunidad y resignarnos a que alguien más la aprovechara.

—Qué raro que todavía esté publicado con lo rápido que se alquilan los pisos aquí en Madrid. ¿Será que pasó algo?

—No sé, está raro de verdad.

—Sí.

—Ya va… Ahora tenemos la moto. ¿Estás pensando lo mismo que yo?

Y así fue como nos mudamos. Inmediatamente llamamos a la nueva inmobiliaria y descubrimos que hubo dos interesados que llegaron casi hasta el final del proceso de alquiler pero llegado el momento de firmar e ingresar el dinero, decidieron no continuar.

No una, sino dos veces seguidas. Algo tan extraño que se sintió como un guiño hacia nosotros.

Hasta aquí todo genial, casi como un cuento de Disney, pero ¿Y dónde está mi peor cagada del 2020? Justo a continuación…

Próxima parte: «La mala del cuento».

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