Mi peor c*gada del 2020 (Parte 3)

Mi peor c*gada del 2020 (Parte 3)

Uno de mis grandes errores viviendo en el piso anterior fue contratar una nueva compañía de energía porque ofrecían una oferta bastante buena.

Esto parece lógico, el problema fue la forma en que acepté la oferta.

Todo empezó porque un día llamé a mi compañía del momento para hacer una consulta y dos días después recibí una llamada de una mujer llamada Ana ofreciéndome un descuento.

Por lo cercano de la llamada pensé que Ana trabajaba en dicha compañía, pero más adelante descubrí que no era el caso.

Yo siempre he sido de rechazar TODAS las ofertas que me hacen porque, especialmente aquí en España, la letra pequeña es bien pequeña y bien malintencionada, pero creo recordar que en ese momento estaba pasando por una época donde quería probar cosas nuevas y me dije a mí mismo «¿Por qué no? Esto suena bien».

Sumando ese espíritu aventurero con mi idea de que era alguien de la compañía, decidí aceptar la oferta. Ese fue el día en que verdaderamente metí la pata (hace más de 8 meses).

No hablaré de Ana en este post porque me extendería demasiado explicando los problemas que me trajo este cambio de contrato, pero para resumir la historia, te daré un consejo: nunca aceptes nada de una persona que llama y solicita datos bancarios sin saber exactamente dónde trabaja y si está realmente calificada.

Yo hice este chequeo posteriormente y descubrí que Ana trabajaba en una «consultora» inventada por ella misma con una supuesta compañera llamada «Patricia» a quien le envíe un correo del que todavía espero respuesta.

El mayor problema del cambio de contrato fue que conllevaba a un período de permanencia de 12 meses con la compañía. Si decidía finalizar el contrato antes del primer año tendría que pagar una multa cercana a los 100€.

¿Y qué pasaba si quería mudarme? ¿Estaba condenado a vivir allí hasta que pasaran los 12 meses solo para no pagar la multa?

Ese escenario tenía solución: si lo hacía, cosa que tenía en mente, debía dejarle la responsabilidad a la persona que se mudara al apartamento después de mí. Dicha persona pasaría el contrato a su nombre y listo, yo me libraba del compromiso.

Esto es algo normal aquí en España y no debería traer problemas… A menos que esté Noremi de por medio.

La decisión de la mudanza fue repentina y por este motivo nuestro apartamento antiguo no estaba publicado en ningún sitio. Todavía no había nadie interesado en vivir allí cuando nosotros nos marcháramos así que ¿Quién se quedaría con el contrato? Esto era un inconveniente.

Yo sabía que el problema de la electricidad estaba pendiente y si algo hemos aprendido en esta historia es que no hay que confiar en Noremi para cosas importantes.

Aún así, ¿Qué hice? Confié en Noremi. Sí, todo empezó el día que hice el cambio de mi contrato de energía, pero este fue el momento en el que quedó sellada la mayor cagada de mi 2020.

Lo bueno es que esta historia no termina aquí. De hecho, es aquí donde empieza lo bueno.

Próxima parte: «La persecución».


Leer parte 2: «La mala del cuento».

Leer parte 1: «Todo empezó cuando dije: ‘ok, acepto la oferta. Mi número de cuenta es…'».

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