Mi peor c*gada del 2020 (Parte 4)

Mi peor c*gada del 2020 (Parte 4)

Al salir del piso intenté contactar a Noremi un par de veces y su respuesta fue que no me preocupara porque ella hablaría con los dueños del piso (recordemos que ella es solo una administradora) y ellos «le darían respuesta».

Esa respuesta está junto a la de Patricia dentro de los dos mensajes más esperados en mi buzón de correo.

Así pasó el tiempo y yo seguí preguntándole a Noremi cuando se resolvería el problema. En ese momento la situación no era tan grave porque no había nadie viviendo en el piso y por lo tanto no debería haber gasto de energía, pero yo no confiaba en eso y quería que se resolviera lo antes posible.

Pasaron un par de meses y a finales de noviembre, un mes y medio después de la mudanza, llegó un día en el que todo pareció haberse solucionado.

Le escribí una serie de mensajes a Noremi y conseguí que me respondiera. Me dijo que en dos días se mudaría una nueva persona al apartamento.

Bingo. Lo logré. Cuando esta persona se mudara se acabaría el conflicto porque ella, lógicamente, cambiaría el contrato a su nombre y el asunto quedaría solucionado.

Me olvidé del tema hasta que un día recibí un recibo de la energía en mi cuenta bancaria y se lo comenté a mi novia. Le dije el nombre de la compañía que nos había hecho el cargo y ella dijo unas palabras que todavía duelen: «esa es la compañía del piso viejo».

Resultó ser que la tortura no había terminado. La nueva inquilina de nuestro antiguo apartamento (quien casualmente se llama Ana, como la del contrato de energía) es una sinvergüenza más que tiene dos meses viviendo en el lugar y no ha hecho el cambio de contrato para no tener que pagar la energía que consume.

Ana combina perfectamente con su nueva comunidad. Está como en casa junto a sus nuevos vecinos.

Ahora todo había empeorado para mí. Llamé nuevamente al servicio al cliente de la compañía de energía y me explicaron que podía meterme en problemas legales si suspendía el servicio de un piso donde vivía gente.

Aquí fue donde pasé el suiche. En un instante pasé de ser «Alejandro el idiota que regala dinero» a «Alejandro, mi mejor versión».

Para resumir el final:

  • Fui varias veces a buscar a Noremi y seguí sin conseguirla, pero le llegó el mensaje de que la estaba buscando en persona y eso le hizo darse cuenta de que iba en serio.
  • Me salté todos los protocolos y fui directamente a tocarle la puerta a Ana, la nueva inquilina, para pedirle que hiciera los cambios. Esto no me correspondía y fue de lo más raro, pero fue lo mejor que pude hacer. Me sentí genial por vencer el miedo a tomar acción.
  • Descubrí que Ana era otra irresponsable más y eso me llevó a averiguar todo lo que necesitaba para dar de baja el servicio. Hoy puedo decir orgullosamente que ya no estoy pagando facturas de nadie que no seamos mi novia y yo.
  • Decidí dar el dinero por perdido porque después de todo el tiempo que había pasado supuse que sería difícil que los jefes de Noremi me pagaran.

Dejé de darme mala vida por el asunto y eso me permitió ver la situación de otra manera. ¿Debía molestarme con Noremi o con la nueva inquilina? ¡No! El error había sido mío por dejar mi dinero en manos de esa gente.

Y así nos acercamos al final de esta historia, donde ya había acumulado 128€ en facturas de alguien más (más que los 100 que me hubiera tocado pagar si lo hacía en el momento de la mudanza), una enorme cuota de estrés por depender de este tipo de personas y una gran lección que me quedará para el resto de la vida.

Más adelante descubrí que había un par de soluciones que podría haber aplicado si hubiera llamado a la compañía de energía y explicado mi caso pero, como bien dice el título de este post, esta fue mi peor cagada del 2020, que no solo consistió en cometer un error sino en darle largas para no resolverlo.

Ahora te debes estar preguntando: «¿Eso es todo? ¿Leí cuatro partes de esta historia para esto?».

La respuesta es que no. Aquí terminan los hechos, pero ahora viene lo mejor: la moraleja. ¿Qué aprendí gracias a este inconveniente?

Eso lo sabrás en la próxima (y última) parte.

Próxima parte: ¿Y cuál es la moraleja?


Leer parte 3: «El inicio».

Leer parte 2: «La mala del cuento».

Leer parte 1: «Todo empezó cuando dije: ‘ok, acepto la oferta. Mi número de cuenta es…'».

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