Una idea que me maravilló cuando leí La Semana Laboral de 4 Horas fue que, según Tim Ferriss, hay que aprender a permitir que de vez en cuando pasen cosas malas.

Si en ese momento hubiera leído un tuit que dijera «deja que pasen cosas malas» hubiera pensado que era una estupidez, pero en el contexto del libro, este mismo consejo me pareció una perla de conocimiento que espero nunca olvidar.

¿Por qué?

No puedes con todo

El mundo es tan complicado que ni siquiera lo entendemos. Todo lo que sucede está condicionado por lo que pasó antes y, asimismo, lo que está sucediendo en este momento condiciona lo que pasará después.

El accidente de tránsito que tuviste hace años no fue un evento aislado. Tuvieron que coincidir cientos (o miles) de eventos previos para que pasara lo que pasó (la hora a la que saliste, el retraso porque no encontrabas las llaves, la mala noche de sueño que tuvo el otro conductor…).

Nada en este mundo sucede por sí solo, o como diría Marco Aurelio:

«Los sucesos posteriores tienen siempre con los precedentes un lazo de coherencia. No son como una serie de enumeraciones aisladas, que solo concurren por necesidad; antes bien, es una concatenación lógica».

Marco Aurelio – Meditaciones

Aunque es una forma medio enredada de decirlo, la clave está en que todo es una «concatenación lógica» de eventos.

Esta idea nos parece entendible a todos los que hemos visto El Efecto Mariposa, una película protagonizada por Ashton Kutcher donde él es un joven con el poder de volver al pasado para alterar eventos importantes y cambiar su presente.

Esto es lo que le pasa en uno de sus intentos por ir al pasado: pierde ambas manos y ambos pies por intentar salvar a unas personas de una explosión. Escena épica cuando se despierta en el presente y descubre cómo funcionó su plan.

En esta película, Ashton tiene unos planes buenísimos para enmendar sus errores del pasado, pero por más que regresa y regresa intentando evitar algún daño en el presente, siempre se encuentra con que cada cambio que hace trae otras consecuencias inesperadas que no solo lo afectan a él, sino a todos sus amigos.

Lo mismo pasa en la vida real (con la excepción de que nosotros no podemos viajar al pasado): cada cosa que hacemos o nos sucede produce un efecto dominó prácticamente infinito.

Cuando empezamos a tener en cuenta esta realidad corremos el peligro de caer en uno de dos extremos:

  1. Volvernos exageradamente precavidos al punto de no hacer nada por miedo a las consecuencias, o
  2. Caer en la farsa de que no tiene sentido preocuparnos por lo que hacemos porque nada depende exclusivamente de nosotros.

Claramente, ninguna de estas opciones es recomendable.

El verdadero valor de descubrir la naturaleza impredecible del universo está en hallar un punto medio. Ese punto dulce donde planeamos, valoramos los escenarios más probables, actuamos con determinación y no perdemos los nervios si aun así las cosas salen mal. Como en todo,

El poder está en el balance.

Por ejemplo, lo que Ferriss relata en La Semana Laboral de 4 Horas es que quería hacer un viaje de un par de meses para desconectarse un poco de su negocio (que lo estaba consumiendo vivo) y nunca terminaba de hacerlo por miedo a que todo se desplomara mientras él no estaba.

Finalmente puso las cosas en orden, implementó una serie de sistemas que harían que todo funcionara correctamente sin él e hizo su viaje.

Efectivamente, cuando volvió se encontró con un par de «desgracias» que sucedieron en su ausencia. ¿Qué hizo? Se puso manos a la obra, resolvió todo y no se arrepintió de que estas cosas hubieran ocurrido.

A fin de cuentas, estos problemas sacaron a la luz debilidades de su sistema que no había visto anteriormente, lo que le permitió corregirlas y seguir adelante.

No solo las desgracias no fueron tan malas como parecían, sino que además terminó sacándoles provecho. Lo que nos lleva al siguiente punto de este artículo.

El lado saludable de las desgracias

La mayor desgracia de mi vida se ha convertido en mi mayor bendición. No tengo dudas cuando hago esta afirmación.

Desde que tengo memoria soy una persona alta y delgada y aunque esto no me traía problemas cuando era niño, al llegar a la adolescencia las críticas y burlas empezaron a llover sobre mí hasta llegar a convertirme en alguien acomplejado, irritante y en algunos casos, falso.

Más adelante en mi vida, a los 19 años, me inscribí con un amigo en un gimnasio de mi ciudad y a pesar de que en los primeros ocho meses de entrenamiento no vi resultado alguno (lo que trajo más críticas y burlas), finalmente conseguí subir 15 kilos en 12 meses y pasé de ser «el flaco» a alguien que recibía elogios por su buen estado físico.

Pasar por este proceso no solo me hizo más musculoso, sino también más resiliente, consciente de mis debilidades, humilde y más importante que todo lo anterior: creativo.

Esta supuesta «maldición» de ser alguien tan delgado se convirtió en mi bendición, y no soy el único que ahora agradece haber encontrado alguna gran dificultad en mi camino.

Es común escuchar historias de personas que han caído en la depresión luego de una ruptura amorosa, problemas con el alcohol o el despido del trabajo de sus sueños y años más tarde recuerdan dichos eventos como el punto de inflexión más importante de sus vidas. No solo no se arrepienten, sino que los agradecen.

Incluso hay quienes sufren cosas que no dependen en lo absoluto de ellos como una crisis económica mundial o la muerte de un familiar, y tras caer en un negro agujero de desesperanza, se levantan más fuertes que nunca para convertirse en su mejor versión.

Sea un problema genético o una situación puntual, los humanos solemos encontrar nuestras mayores fortalezas en medio de las más grandes dificultades. Somos antifrágiles por naturaleza.

Es por eso que a pesar de que nadie quiere enfrentar una desgracia de forma intencional, pedir que desaparezcan de nuestra vida podría condenarnos a nunca descubrir el poder que llevamos dentro. A conformarnos con una vida que odiamos solo porque nunca ha llegado una desgracia lo suficientemente grande como para movernos el suelo y hacernos espabilar.

Si entiendes inglés, te dejo uno de mis ejemplos favoritos de esta verdad: Hal Elrod.

Hal sufrió un accidente que casi lo mata y volvió a caminar luego de que todos los doctores le dijeron que nunca volvería a hacerlo. Poco tiempo después, tuvo un cáncer muy agresivo que estuvo también a punto de matarlo y consiguió curarse con sesiones intensas de quimioterapia y su forzado aprendizaje de medicinas alternativas.

Su libro, Mañanas Milagrosas, es un best seller del que quizás hayas escuchado hablar y fue inspirado en estas dos aparentes tragedias que terminaron convirtiéndose en su motivación para vivir.

Aquí puedes ver su entrevista en Impact Theory, uno de mis programas favoritos. Rápidamente podrás notar que en este mundo hay pocas personas más alegres que Hal.

Las decisiones y las desgracias

El motivo por el que decidí hablar de este tema fue que una suscriptora de mi lista gratuita de correos (La Reflexión de la Semana) dejó esta recomendación en una encuesta:

Gracias a Caro por esta recomendación.

Aunque en este corto texto hay material para escribir varios artículos, aquí hablaré de una única cuestión: no hay decisiones buenas ni malas. Solo decisiones.

Esto, que suena muy new age, es una de las enseñanzas más importantes de diferentes corrientes filosóficas, religiones, libros y prácticas espirituales en general: lo que sucede, sucede y ya. No hay por qué lamentarse por lo que ya pasó, o como decimos en Venezuela: lo que viene conviene.

Esto es especialmente verdad en el ámbito de las decisiones. ¿Cómo podemos arrepentirnos por algo que depende de millones de factores de los cuales solo controlamos unos pocos?

Una decisión es casi una adivinanza. Un «si hago X, espero que ocurra Y» pero sin certeza alguna de que vaya a ocurrir. Tú solo puedes jugar tus cartas y esperar lo mejor, pero de ahí en adelante, cualquier cosa puede suceder.

Por lo tanto: deja de castigarte.

Si eres de las personas que pasa días, semanas, meses o años lamentándose por cosas que sucedieron en el pasado, intenta darle un giro a la situación y ver las cosas desde otra perspectiva.

¿Qué aprendiste a raíz de tus errores? ¿Has mejorado para que no vuelva a suceder? ¿Has adquirido nueva información para no cometer nuevamente ese tipo de equivocaciones? ¿Qué cosas buenas han salido de esa aparente desgracia?

Haré hincapié en esta última pregunta porque es sumamente importante. ¿Qué cosas buenas han salido de tus desgracias?

Muchas personas odian el optimismo y de solo pensar en esta pregunta se sienten sobrepasados por la ira.

Si es tu caso, te aclaro que este ejercicio no se trata de agradecer que tu mujer te dejó porque la engañaste o que perdiste tu trabajo por robar dinero de la caja. Todas estas cosas son indudablemente malas y tienen un efecto muy negativo sobre ti, sea lo que sea que te haya pasado.

La cuestión está en entender que cada una de estas decisiones te permitieron, como mínimo, detectar un comportamiento que no te favorece. Una forma de pensar que te trae más problemas que soluciones. Una falsa creencia que no reconociste hasta que te explotó en la cara en forma de una desgracia.

Los errores están para aprender de ellos y crecer. Reconócelos, saca de ellos la lección que necesitas aprender y sigue adelante.

No hay decisiones buenas ni malas, solo decisiones, y nadie tomaría una decisión que le trajera problemas si tuviera toda la información que necesita y supiera las consecuencias por adelantado.

¿Entonces las decisiones no importan?

Toda gran enseñanza llevada al extremo es peligrosa y en este caso el peligro está bastante claro: ¿Cómo es eso de que no hay malas decisiones?

Cualquier persona debería decidir buscando los resultados más favorables para él o ella, para el resto de personas involucradas y por último, para el planeta en sí (esto último lo aprendí del filántropo billonario John Paul Dejoria).

Claro que hay malas decisiones y en próximos posts hablaré de cómo optimizarlas y evitarlas si es posible, pero mientras tanto, el mensaje de este artículo es que no te arrepientas por antiguas elecciones que trajeron consecuencias negativas. Todos hacemos lo mejor que podemos y en la mayoría de los casos:

  1. Las cosas no dependen tanto de nosotros como pensamos.
  2. Las peores desgracias siempre resultan en las mejores lecciones.

Y si quieres confirmar esto último, te invito a leer mi peor c*gada del 2020. Eso fue una lección que vino de una aparente desgracia.

(Nota: el artículo «Mi peor c*gada del 2020 está actualmente bajo remodelación. Pronto estará de vuelta para que puedas leerlo. Si quieres recibir notificaciones cuando publique nuevos artículos, te invito a suscribirte a Viernes de Insight, el newsletter de alejandrolui.com).

La creatividad como herramienta para soportar y superar desgracias

En el caso de los eventos negativos, lo más importante es aprender a verlos con perspectiva en lugar de quedarnos atrapados en ellos.

Si cada vez que nos sucede una tragedia somos capaces de observarlas como si le hubieran sucedido a alguien más en lugar de a nosotros, rápidamente podremos extraer de ellas las lecciones que necesitamos y seguir adelante.

Nota: sé que este es un tema bastante emocional y que muchas personas han sufrido desgracias que en un principio parecen imposibles de observar con los ojos de un tercero. Los accidentes horribles existen, las personas queridas fallecen y las tragedias injustificadas son tan reales como el sol que nos alumbra cada día. Si estás pasando por una situación que actualmente te sobrepasa, ánimo. No pretendo aparentar que entiendo el dolor de todo el mundo y espero que en algún momento futuro puedas volver a este artículo y verlo con otros ojos.

El manejo de las situaciones negativas tiene tres componentes:

Para conciliar estos tres componentes hace falta mucha información para digerirla y convertirla en soluciones originales mediante tu creatividad. En esta sección del artículo te diré las tres fuentes de información que más me han ayudado a atravesar momentos difíciles.

1. El estoicismo

Muchos conocen o al menos han escuchado mencionar el estoicismo y a célebres estoicos como Marco Aurelio (mencionado en este artículo), Séneca y Epicteto.

Para quienes no sepan qué es, el estoicismo es una corriente filosófica que entre sus muchas ideas fundamentales, promueve aceptar todo lo que nos sucede como algo inevitable y beneficioso lo mires como lo mires. Algo así como que, si sucede, es porque tiene que suceder de acuerdo con las leyes de la naturaleza.

Existen muchos expertos en el estoicismo que pueden dar explicaciones más acertadas y profundas que esta, pero lo más importante que debe saber una persona que no conoce esta filosofía es que exponerte a sus ideas generalmente te hace sentir parte de algo más grande e importante que tú mismo.

Esa sensación de «pertenecer» a algo más aceptando que las cosas que consideramos malas son en realidad buenas para el funcionamiento del universo es tranquilizante cuando nos encontramos en situaciones adversas. Es por eso que el estoicismo ha sido una agradable medicina para mí a la hora de lidiar con personas tóxicas, injusticias o simples eventos desafortunados.

Si quieres entrar en contacto con esta filosofía, no te recomiendo que empieces por los libros de los filósofos originales a menos que tengas un hábito de lectura bien establecido. En caso de que sí seas un lector ávido, puedes fácilmente empezar por Meditaciones de Marco Aurelio: una especie un diario de este genial emperador.

Si no eres un lector habitual es mejor que no empieces por este tipo de textos porque, al ser tan antiguos, son complicados de leer. Yo, por ejemplo, no lo leí completo porque se me hacía tedioso. Es espectacular, mas no entretenido.

En lugar de eso te recomiendo que leas a Ryan Holiday, un autor contemporáneo especializado en el estoicismo. Holiday conecta las ideas estoicas al mundo moderno a través de historias de atletas, políticos, artistas y demás personajes interesantes que de una forma u otra han sido estoicos a lo largo de sus vidas.

Este tipo de lectura es mucho más agradable para la persona promedio, y si quieres comenzar por aquí, te recomiendo el único libro de Ryan Holiday que he leído: El Obstáculo es el Camino.

2. El poder del ahora

Si has estado antes en este blog habrás notado que recomiendo este libro en repetidas ocasiones.

Esto se debe a que El Poder del Ahora es una de esas lecturas que me cambió como persona. Al leerlo descubrí que paso la mayor parte de mi tiempo en «piloto automático» y el solo hecho de notarlo me inició en un camino de autoconocimiento que continuará por el resto de mi vida.

(Si con eso no te convencí de leerlo… :D)

Este libro te ayuda a entender que tus pensamientos no gobiernan tu vida y te hace reflexionar acerca de todo el estrés que te generan las cosas que están fuera de tu control.

Así como la filosofía estoica, El Poder del Ahora te permitirá tomar un paso al costado y ver tus desgracias desde el punto de vista de un espectador.

Advertencia: tengo entendido que El Poder del Ahora tiene muchos haters al rededor del mundo, así que puede que lo ames o puede que lo odies. Mi recomendación, como siempre, es que pidas una muestra gratis en Amazon, leas un pedacito y veas que te parece. Si te gusta, lo compras. Si lo odias, next.

3. Sapiens

Otro libro que me cambió la vida y que si se lo permites, también cambiará la tuya.

Sapiens, de Yuval Noah Harari, es el libro que me hizo entender que soy un mono. Así de simple.

Esta obra relata la historia de la humanidad desde un punto de vista totalmente impersonal. Harari habla de los humanos como si fuera un extraterrestre que llegó a la tierra a estudiarnos e hizo un informe de 500 páginas explicando lo que entendió.

El autor habla de la religión, de las sociedades, del dinero, de la sexualidad… De todo. Y lo mejor, de forma tan sencilla que incluso alguien que nunca haya leído un libro puede entenderlo a la perfección.

Lo curioso de ver la historia de los humanos de esta forma es que cuando entiendes las barbaridades que hemos hecho y padecido a lo largo de los últimos 100.000 años (sí, cien mil. La mayoría pensamos que los humanos estamos aquí desde hace 2.000 años, así que imagínate lo que descubrirás cuando leas acerca de los otros 98.000 de los que nadie habla) te das cuenta de que ninguna tragedia que puedas estar viviendo es tan importante como para perder la cabeza por ella.

Sapiens es uno de mis libros favoritos y actualmente lo estoy releyendo. Si ya lo has escuchado anteriormente y esta es la segunda vez que te lo recomiendan, no lo pienses más. Ve a echarle un ojo y comprueba por ti mismo/a si es bueno o no.

Nota de recomendaciones: te recuerdo que si eres «alérgico» a los libros siempre tienes la opción de escucharlos en audiolibro. No te pierdas de la buena información solo porque no tienes el hábito de leer.

Conclusiones

Todo lo que nos sucede nos forma como personas. Lo bueno y lo malo.

Todas las emociones son necesarias. Las buenas y las malas.

Como dirían los budistas, el dolor es inevitable, así que en lugar de huir de él, aprende a utilizarlo como maestro y extrae de él todas las lecciones que puedas.

No hay decisiones buenas ni malas. Solo decisiones. Tenlo presente y permite que de vez en cuando te pase algo malo para variar. No todo puede ser perfecto, y muchas veces, las más sabrosas alegrías vienen de las más profundas tristezas.

Lee libros. Infórmate y usa tu creatividad para descubrir y aprovechar las lecciones que toda desgracia tiene oculta para ti.

Y recuerda: no las evites. Una vida sin dificultades es una vida sin sabor.

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