Cómo me libero de los pensamientos que me atormentan

Cómo me libero de los pensamientos que me atormentan

A principios del 2020 se libraba en mi interior una lucha que tenía meses de antigüedad. Mi cerebro, el campo de batalla, había sido infectado por un tóxico pensamiento, una idea que en poco tiempo se convirtió en una trampa que no mata pero tampoco afloja:

«¿Cómo se sentirá tener una muerte dolorosa?»

Nota: este artículo contiene hechos, afirmaciones y opiniones que podrían impactar a ciertos lectores. Si te consideras una persona sensible, te recomiendo abstenerte de leerlo.

El inicio

A mediados del 2019 (6 meses antes) ocurrió una de las casualidades más importantes de mi vida desde que me mudé a España. Mi hermano—quien, aunque suene cliché, es mi mejor amigo—tuvo que venir de emergencia a Madrid por culpa de su ineptitud.

Ricky vive en USA y en esa época su visa estaba por expirar. Él ya lo sabía, así que su trabajo era estar pendiente de la fecha de vencimiento para salir del país, pasar unos días fuera y volver a entrar. Sencillo.

Luego de varias advertencias por parte de mi mamá, Ricky decidió revisar su pasaporte para encontrarse con una amarga sorpresa: le quedaban dos días para salir de USA en lugar de las «semanas» que él pensaba.

Salió de USA. Fue a México. Todo salió mal. Casi lo meten preso cuando volvió a entrar a USA. Consiguió que lo dejaran irse. Terminó viniendo a España. Pasó un mes aquí mientras resolvía su situación.

(Este es el resumen de una épica historia que espero narrar algún día).

Mi hermano estuvo más de un mes aquí en Madrid, y justo antes de irse, me mostró un video que me perturbó profundamente aunque no era su intención. Este video trataba de un juego/simulación diseñado para salvavidas donde el protagonista es una persona ahogándose y el objetivo es nadar lo más que puedas antes de morir.

Este es el video. Ver a partir del 1:20.

Esta simulación, que incluye alucinaciones y al protagonista rompiéndose una uña para mantenerse alerta, fue demasiado para mí.

Me sacudió. Por un momento me convertí en esa persona ahogándose y sentí la desesperación que sentía. Esas imágenes se repitieron en mi mente por más tiempo del que deberían y esa noche experimenté unos extraños escalofríos que recorrían mi cuerpo de arriba abajo.

Sí, fue tal como suena: ese video me traumatizó.

Mi hermano, por otro lado, estaba completamente relajado. ¿Por qué no debía de estarlo? Era un video y ya. El chico que lo subió a YouTube (quien está jugando mientras graba) tampoco parecía tan conmocionado como yo.

Lo mismo en otro video donde se muestra la reacción de varios salvavidas ante la simulación: todos estaban impactados, pero ninguno dijo «por un momento me convertí en esa persona ahogándose y sentí la desesperación que sentía, ¡estoy traumatizado!». No. Todos normales.

¿Por qué a mí me afectó tanto?

Tú NO eres tu mente

Pasaron unos meses y el video estaba olvidado. De hecho, volví a verlo un par de veces para desmitificarlo y nunca volví a sentir lo que sentí aquel día con mi hermano.

A pesar de eso, algo seguía mal en mi cerebro. Había una especie de corto circuito y yo lo sabía.

Lo que me había impactado no era la muerte del protagonista del juego sino la desesperación que había experimentado justo antes de morir. Eso fue lo que yo viví con él, y al hacerlo, esta sensación quedó grabada en mi mente (si es que esto tiene sentido).

Había superado el evento que inició todo, pero aún sentía los escalofríos de aquel día mientras me imaginaba en situaciones igual de desesperantes:

—¿Cómo se sentirán los segundos previos a un accidente de tránsito mortal? Ese momento en el que caes en cuenta de que lo que sea que vas a golpear es inevitable. ¿Qué te pasará por la mente?

—¿Y el golpe? ¿Cómo se sentirá un golpe tan fuerte que es capaz de matarte? ¿Y si la muerte no es inmediata? ¿Si quedas sufriendo por unos minutos antes de dejar esta vida? ¿Cuál es la imagen que ve alguien que…?

(En este punto podría seguir ahondando en los oscuros pensamientos que solía tener, pero para no herir la sensibilidad del lector sin necesidad, cortaré aquí esta dinámica).

Y no era solamente un posible accidente de tránsito. También pensaba en incendios, la pérdida de un brazo o pierna, aplastamientos… Tú nómbralo y seguro ya pensé en ello. Fue un largo período aunque no me enorgullezca admitirlo.

Fue una época loca y sé que esto parece una historia de terror, pero quizás te reconforte saber que estos pensamientos no me afectaron en lo más mínimo.

Lo viví muy tranquilo y fue todo gracias a algo que aprendí hace años en un libro: Una Nueva Tierra de Eckhart Tolle.

Tus pensamientos no pueden dañarte… Si no se lo permites

Tolle es más conocido por su bestseller El Poder del Ahora, un libro famoso en todos los rincones de la tierra gracias a su forma de explicar principios espirituales sin amarrarse a las creencias de ninguna religión específica. Este autor se ha vuelto tan famoso que incluso ha colaborado con Oprah Winfrey.

Yo conocí Una Nueva Tierra en el 2017 cuando buscaba recomendaciones de libros en internet y encontré a un youtuber diciendo que este libro me ayudaría a «eliminar el drama de mi vida» (cosa que terminó siendo totalmente diferente a lo que me había imaginado).

Al comenzar a leerlo, los conceptos de los que hablaba Eckhart se me hacían tan desconocidos que sentía que me estaba perdiendo la mitad del mensaje. Era una lectura pesada, pero eso no fue suficiente para dejarlo.

Había algo que me cautivaba, que me daba curiosidad. No entendía bien lo que decía ese tipo, pero sabía que algo traía entre manos con eso de que «no somos nuestros pensamientos».

La tesis de Tolle resumida (quizás demasiado resumida) es que las personas vivimos en un constante estado de estrés generado por nuestros propios pensamientos.

Si estás leyendo esto en el 2021 debes saber exactamente a qué se refiere: esa imparable voz que está en tu cabeza reviviendo discusiones del pasado e ideando la respuesta perfecta que debiste haber dicho, imaginando escenarios emocionantes para tu futuro, juzgando todas tus acciones y decidiendo si estuvieron bien o mal… Tú sabes, esa voz.

¿Lo bueno? Que todos y cada uno de nosotros tiene el poder de liberarse de ese estado si solo estamos dispuestos a poner la mente en blanco y centrarnos en el «aquí y ahora».

Según Tolle, lograrlo es tan fácil como no hacer nada, y según mi experiencia, tiene razón.

Todos podemos hacerlo (en teoría) pero al mismo tiempo todos tenemos problemas para callar nuestros pensamientos. De hecho, la mayoría está tan acostumbrada a tener su mente ocupada que unos pocos minutos sin distracciones se convierten en una tortura.

Lo más común es sentir una ligera pero constante desesperación que no sabemos de dónde viene.

¿La solución?

no eres tus pensamientos

Así se resume la lección que me salvó de lo que pudo ser un terrible episodio de ansiedad, depresión o ambas cosas a la vez.

Cuando los horribles pensamientos empezaron a llegar, ya estaba preparado. Desde el primer momento supe que estos locos escenarios que me preocupaban eran obra de mi exagerada imaginación.

No logré sacarlos rápido de mi mente pero tampoco me hicieron daño. Salí intacto.

Una de las cosas que he aprendido leyendo a escritores como Tolle y oyendo a expertos de la espiritualidad como Jay Shetty es que no nos conviene tomar demasiado en serio nuestros propios pensamientos.

Es normal tener ideas que nos avergüencen o que nos parezcan horribles.

Esto es lo que pasa cuando el cajero de Mcdonald’s te da el helado equivocado y automáticamente piensas «ojalá se muera.»

Cuando entras en razón te das cuenta de que eso fue exagerado. No quieres que el cajero muera realmente, pero ahora te juzgas a ti mismo/a por haber pensado así.

Un mal pensamiento no te hace una mala persona. Todos pensamos cosas locas y siempre y cuando no actuemos en consecuencia, no habrá problema. Seguirán siendo ideas que pasaron por nuestra cabeza y luego se desvanecieron en el olvido.

En mi caso fueron los escenarios de muertes dolorosas, pero esto de los pensamientos tiene todos los colores y texturas que puedas imaginar. Algunos ejemplos son:

  • Cometer un error y machacarte constantemente con que no eres suficiente.
  • Tener «pensamientos oscuros» que normalmente involucran eventos negativos e irremediables (mi caso).
  • Imaginar escenarios donde alguien que te hizo daño recibe un castigo desmedido.
  • Tener pensamientos racistas a pesar de odiar el racismo.
  • Exagerar alguno de tus defectos para victimizarte.
  • Pensamientos suicidas.

La lista sigue y sigue, pero en todos los casos, quien logra reconocer que estos pensamientos no le definen, consigue verlos por lo que son: ideas que van y vienen a nuestro cerebro de forma infinita y que necesitan de nuestra atención para sobrevivir.

Ahí es donde está tú poder. Tú decides donde poner tu atención y si decides que un pensamiento no merece la pena, puedes cortarle la energía con tan solo dejar de concentrarte en él.

¿Fácil? No tanto.

Saber dirigir nuestra atención es una de las habilidades más difíciles de desarrollar en la actualidad.

A pesar de esto es posible mejorar y conseguir «distancia» de nuestros pensamientos, pero en lugar de empezar a discutir los beneficios de la meditación (mi práctica favorita para este propósito) finalizaré este post diciendo lo siguiente:

Tú no eres tu mente. Asimismo, tú no eliges tus pensamientos, pero sí decides si sobreviven o no.

En mi caso, lo que pudo convertirse en un trauma terminó en una excelente práctica para mi fortaleza mental y lo mejor es que no necesité grandes esfuerzos ni intervenciones médicas para lograrlo.

En mi opinión, todos debemos aprender cómo funciona nuestra propia mente y desarrollar prácticas y herramientas para controlarla cuando sea necesario.

Empieza por no juzgar lo que pasa por tu cabeza y empezarás a ver resultados positivos. Menos estrés, menos ansiedad, más felicidad, más tranquilidad, más libertad.

Entiende tus pensamientos y no les des más importancia de la que tienen. Tu salud mental se verá beneficiada a partir del día en que empieces a hacerlo.


Frases para tuitear:

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9 comentarios en «Cómo me libero de los pensamientos que me atormentan»

  1. hola luisme identifico con tu post, para resumir mi problema yo estoy en una carrera de ingenieria, pero me empeze a sentir mal y empeze a buscar otras opciones de carrera pero ahora estoy en un bucle entre tres alternativas, musica medicina y audiovisuales,anyway, mis cada vez que pienso en alguna de ellas me vuelvo loco por que no se que hacer tal vez hacer lo que dice tu post me ayude gracias

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