Cómo me libero de las relaciones tóxicas

Cómo me libero de las relaciones tóxicas

04/11/2019: Primer día en mi nuevo puesto dentro de la empresa. ¡Que emoción!

15/11/2019: Me está costando llevarme bien con mi nuevo compañero, pero estoy seguro de que mejorará con el tiempo.

25/11/2019: Ok, esto no va bien… Pero siempre hay un lado positivo, trataré de concentrarme en eso. Sí se puede.

05/12/2019: Listo. No aguanto. A partir de mañana empiezo a buscar un nuevo trabajo.

Solo un mes soporté a la persona más tóxica que he conocido en mi vida.

30 días. No pude más.

Diero (a quien he cambiado de nombre para proteger su identidad) era demasiado. Ya no lo soportaba.

No solo hablaba a espaldas del resto de los empleados, criticaba al jefe, juzgaba la vida personal de los clientes y tenía a todo el mundo de enemigo. Además de todo esto, tenía una insaciable necesidad de contagiar su mal humor.

Se pasaba el día aburriéndome con sus mal intencionadas historias donde todos trataban de hundirle mientras él era el héroe que nunca se equivocaba.

Le incomodaba el silencio, así que cada cierto tiempo hacía un comentario vacío solo para tener algo que decir. Si no le prestaba atención, lo señalaba diciendo «ah, vale, ahora yo hablo solo…»

¿Te suena este personaje?

Ese cabeza dura que impone su opinión en lugar de sugerirla y pelea por tener la razón en cada discusión es más común de lo que parece.

Hoy te contaré la historia del que casi me vuelve loco: el tóxico Diego…

Perdón, Diero.

El tóxico Diero

¿Y por qué me dejé montar la pata (influenciar/dominar) por alguien así? Te estarás preguntando. Lo lógico hubiera sido plantarle cara y no caer en su juego. Simple y efectivo.

¿El problema? Yo era de los que se deja montar la pata.

Una persona que se «deja montar la pata» se caracteriza por tragarse sus opiniones para evitar conflictos.

Son los que hablan de discusiones del pasado y terminan con la frase «y estuve a punto de decirle _____, pero al final no lo hice porque…»

En mi caso con Diero, yo le dejaba regañarme y decir todas las idioteces que decía solo porque prefería eso que plantarle cara y arriesgarme a tener un enfrentamiento.

Ha pasado más de un año desde que acepté este problema y empecé a trabajar en él. El progreso ha sido satisfactorio, pero sin duda mi punto más bajo fueron los meses posteriores a diciembre de 2019.

El tormento

Finalmente logré salir de mi situación con Diero negociando un cambio de turno con un compañero.

Él quería mi horario y yo no quería ver más a Diero, así que le propuse el cambio, luego se lo propuse al jefe, y a la semana siguiente ya me había librado de la mayor de mis preocupaciones del momento.

Adiós, Diero.

El problema era que por más tiempo que pasara, no podía superar los recuerdos de los 30 días que viví con mi tóxico acompañante. Todas esas situaciones, las faltas de respeto, la ira que había llegado a sentir…

La irritación seguía en mi mente y constantemente recordaba a esos momentos donde me tragué cosas que debí decirle.

Me sentía indignado conmigo mismo. ¿Cómo había permitido que ese tipo me tratara así? ¿Cómo era posible que no hubiera hecho nada para defender mi orgullo?

Este tormento me acompañó por mucho tiempo.

El peor daño no fue el que me hizo Diero, fue el que me hice yo mismo machacándome cada vez que lo recordaba.

Cuando lo hacía, permitía que su recuerdo me hiciera hervir la sangre. Cada vez que me imaginaba su cara mientras hacía un comentario de mal gusto revivía la mismas sensaciones que experimenté mientras trabajaba con él.

Superarlo ha sido una de las cosas más difíciles que he hecho (y sigo haciendo), pero del mismo modo, la lección que aprendí fue iluminadora: Diero no era malo. Su maltrato no era más que el reflejo de su desdicha.

La gente normalmente no es mala, sino ignorante de tus sentimientos y de SUS sentimientos

Garyvee es un exitoso empresario que, entre otras cosas, percibe detalles de la conducta humana que la mayoría pasa por alto.

Una de sus grandes lecciones es que no tiene sentido ofenderse por los haters de las redes sociales porque no son más que personas que están sufriendo en su interior («they’re just hurting inside!»).

Los humanos tendemos a exteriorizar lo que sentimos. Hay quienes impregnan una habitación de felicidad así como hay quienes la impregnan con su desdicha.

Más que eso, mientras las personas felices perciben un mundo amigable, las personas amargadas suelen sentirse amenazadas.

Fantasean con una sociedad donde todos están contra ellos.

Donde las vecinas quieren robarles el marido.

Sus familias les ocultan cosas.

Sus compañeros de trabajo tienen un eterno complot por verlos caer… Como era el caso de Diero.

Vivir amargado es complicado. Cuando te sientes amenazado por todo lo que te rodea (como ha sido mi caso en diferentes épocas de mi vida) solo hay una opción lógica para ti: defenderte.

Las técnicas de la gente tóxica

Una vez entiendes que la gente tóxica solo quiere defenderse, lidiar con ellos es mucho más fácil.

Algunas de sus técnicas más comunes son:

  • Buscar culpables en cualquier situación y hacer acusaciones rápidamente.
  • Hablar a las espaldas de los demás.
  • Destacar excesivamente sus virtudes personales.
  • Relatar situaciones en las que tuvo una discusión y terminó teniendo razón.
  • Relacionada con la anterior: luchar por tener la razón en todos y cada uno de los argumentos que discute. Algunas veces les escucharás decir cosas como «y como cosa rara, tuve razón» o «yo tenía razón, como siempre».
  • Ser mentirosos.
  • Mostrar diferentes personalidades ante personas con relativo poder—como jefes o individuos adinerados. Se convierten en santos.

Podría darme vida escribiendo muchas otras características, pero estoy seguro de que con esas ya puedes identificar a una o más personas tóxicas con las que normalmente interactúas.

De hecho, si eres suficientemente honesto contigo mismo/a, te darás cuenta de tú también posees una o más de estas características. Todos las tenemos y la idea es identificarlas y trabajar en ellas.

Si te fijas bien en la lista, te darás cuenta de que todas las acciones tienen como finalidad evitar algún tipo de «consecuencia» creada por la imaginación de la persona tóxica.

La lucha por siempre tener la razón nace del miedo a equivocarse y ser juzgado por ello.

Destacar las virtudes propias es una desesperada técnica para convencer a otros de nuestro valor, algo necesario si creemos que nuestra relación o puesto de trabajo podría estar en peligro.

Diero solía hablar a espaldas de otros empleados buscando confianza: si tú y yo hablamos mal de alguien, creamos complicidad, un arma necesaria en su paranoica realidad donde todos querían verlo fuera. Necesitaba hacer equipo para sentirse más seguro.

Estos son mecanismos de defensa con los que todos contamos, pero hay quienes se identifican tanto con ellos que terminan construyendo su personalidad al rededor de esa molesta e innecesaria auto defensa.

Reconocer esta realidad en las relaciones tóxicas que te rodean puede ser la clave para liberarte de ellas.

Qué hacer una vez reconoces el miedo

Reconocer esta condición en otra persona es el paso más importante. Una vez conseguido, puedes comenzar a sanar.

Cuando descubres que quienes te hacen daño no lo hacen con mala intención (sino por sus propios problemas personales) la irritación que te generan comienza a convertirse en compasión.

Si logras entender esta realidad, la recomendación por excelencia es simple: aléjate.

Muchos caemos en el error de intentar reparar a las personas tóxicas, pero esto lleva tanto trabajo y consume tanta energía que simplemente no vale la pena.

Además, muchos viven en una realidad tan distorsionada que ni siquiera quieren cambiar, así que en lugar de tomártelo personal, aléjate y permite que tu ejemplo de cómo vivir una vida menos tóxica sea tu forma de aconsejarles.

¿Y qué pasa si no puedes alejarte?

A veces la persona tóxica es nuestro padre o un único compañero de trabajo que por sí solo no es razón suficiente para renunciar. ¿Qué hacer en esos casos?

Cómo la mayoría de los buenos consejos, es diferente para cada persona, pero algo que podría funcionar en cualquier caso es la práctica de la compasión.

Reconoce que esa persona no tiene malas intenciones y trata de no enfocarte en qué hacen sino en por qué lo hacen.

De esta forma podrás ayudarles a sentirse más seguros y gradualmente ser menos tóxicos—al menos en tu presencia.

Si aprendes a no juzgarlos, a no presionarlos cuando cometen errores, a escuchar sus mentiras sin aceptar ni negar lo que dicen, y en resumen, a no contribuir con su toxicidad, tendrás una relación más llevadera.

Quién sabe, quizás algún día consigas que esa persona entienda el daño que le está haciendo su propio comportamiento.

Aclaratoria: debo mencionar que he aplicado esto último y los resultados no han sido 100% satisfactorios.

A mí también me queda mucho por aprender acerca de la gente tóxica y aunque he visto grandes mejoras, todavía no soy experto en cómo manejarlos.

Lo que sí es seguro es que aplicando estos conceptos he aprendido a rodearme de gente más positiva.

Además, de alguna forma siento que repelo la toxicidad. Desde hace meses he notado como los tóxicos que aún siguen en mi vida me tratan con más respeto y tranquilidad o incluso me evitan.

Supongo que como no tienen necesidad de preocuparse por mí, simplemente no me molestan, pero esta es solo una suposición y no una afirmación comprobable.

Compasión. Esa es la clave

Sin duda este fue mi caso con Diero. La compasión es la cura que me está ayudando a sanar las heridas psicológicas que sufrí mientras trabajé con él.

Viendo todo en retrospectiva, me doy cuenta de que Diero solo quería tenerme cerca y de alguna forma quería enseñarme lo que sabía del trabajo.

Claro, sus consejos estaban basados en la suposición de que para mantenerse en esta empresa hay que cuidarse las espaldas y meter cizaña (idea completamente equivocada), pero en el fondo, me doy cuenta de que no era tan malo.

Esa era su forma de tratar a los demás y es lo mismo que la pasa a tu suegra malintencionada, a tu novio manipulador y a tu compañero mentiroso.

Tienen miedo, y cómo tu también lo tienes (porque todos lo tenemos), ser comprensivo/a es lo mejor que puedes hacer por tu salud mental.

Recuerda: la gente normalmente no es mala, sino ignorante de tus sentimientos y de SUS sentimientos.


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8 comentarios en «Cómo me libero de las relaciones tóxicas»

  1. Hello!! Como siempre: fue todo un gusto leerte. Creo que de alguna manera he decidido que leerte es parte de lo que hago para mi crecimiento personal, es que ya lo sé, sé que entrar aquí me hará reflexionar y aprender. Siempre me ha gustado hacerte saber qué pensaba mientras te leía, hoy pensé: «EN ALGÚN MOMENTO FUI COMO DIERO, YO TAMBIÉN HABRÍA INTENTADO DESESPERADAMENTE ALEJARME DE MÍ.» Y afirmo que entro a este espacio porque he decidido ser menos como Diero y excavar hasta encontrar la mejor versión de mí, y entiendo que tú me ayudas con tus textos a cumplir esa misión. Gracias por tomarte esto tan en serio y tomarnos tan en cuenta. Lo que haces es fantástico.

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