Superando el miedo al «qué dirán»

Superando el miedo al «qué dirán»

El 2021 fue un año difícil para los humanos, pero ahora, en el 2051, ¡parece que hubiera sido hace 500 años en lugar de solo 30!

Hola, soy María Muhammad Chiang y en este corto artículo resumiré para ti la historia de cómo nuestra especie superó sus peores momentos gracias al filósofo y psiquiatra Se-Xing Gah Lin Doh.

Porque antes, a principios del siglo 21 (o XXI, como escribían en esa época), las cosas no eran como ahora, donde todos los humanos vivimos felices ya sea en La Tierra, Marte o cualquier otro planeta de nuestro hermoso universo.

¿Estás liste para echar un vistazo al pasado?

¡Empecemos!

La Revolución de la Autoestima

Por allá en la década de los 10s (del 2010 al 2019) la vida era turbulenta e impredecible.

Las sociedades digitales, conocidas como «redes sociales», eran muy diferentes a los paraísos a los que que estamos acostumbrados hoy en día y el motivo estaba claro.

En los 10s la cultura humana todavía giraba al rededor del dinero, por lo tanto, los crímenes para conseguirlo eran vistos como algo normal e iban desde agresiones físicas hasta ingeniosos engaños para manipular a la población.

Como podrás imaginar, esta unión entre codicia y redes sociales trajo tantas consecuencias negativas que la humanidad estuvo a punto de destruirse a sí misma (algo de esperar cuando las sociedades digitales son manejadas por delincuentes), pero no todo era malo en los 10s.

Las personas de esa época también tenían a su alcance todo lo que necesitaban para ser felices y en algunos casos lo conseguían aunque significara ser criticados y acusados de locura.

En aquel entonces se creía que las redes sociales eran las culpables de que los humanos se alejaran de la felicidad, y aunque ese razonamiento contenía algo de verdad, más adelante se comprobó que era incorrecto y que no eran las redes sociales las que hacían daño a los humanos sino el mal uso de las mismas.

Parece obvio en el presente, pero esta idea tardó más de la cuenta en ser aceptada y el sufrimiento continuó por más años de los que debería.

No fue hasta la llegada de los filósofos digitales (conocidos como influencers) que las cosas empezaron a cambiar. A principios del siglo 21 cualquiera podía ser un influencer y distribuir sus ideas aunque fueran una completa locura, pero el tiempo dio paso a filósofos bien intencionados que ayudaron a reconocer la verdadera naturaleza y potencial de las redes sociales.

Uno de ellos, llamado Gary Vaynerchuck, insistía en que dichas redes «no convertían a las buenas personas en malas personas» sino que solo «sacaban a la luz lo que ya había dentro de cada quien.»

Miles de filósofos del estilo de Vaynerchuck tuvieron que pasar por la tierra para que hubiera un cambio notable, y a pesar de su profundo impacto en la sociedad, no hubieran conseguido nada si no hubiera sido por la llegada de Se-Xing Gah Lin Doh, quien puso fin a la locura y empezó junto a sus discípulos el importante movimiento que ahora conocemos como la Revolución de la Autoestima.

El mensaje de Gah Lin Doh

Con las redes sociales en manos de los codiciosos empresarios, no era extraño que la principal finalidad de estas plataformas fuera capturar la atención de los usuarios hasta convertirlos en esclavos del contenido digital.

Los creadores de las redes más conocidas de la época tenían consigo grandes equipos de científicos y expertos en la conducta humana dedicados a responder una única pregunta:

¿Cómo podemos hacer que la gente pase más tiempo frente a sus pantallas?

Se hicieron miles de estudios, experimentos y actualizaciones que con total efectividad aumentaron el tiempo que las personas dedicaban a sus redes sociales, pero este aumento en el consumo (y las ganancias de los magnates) no tardó en tomar un giro negativo y producir efectos secundarios en la población.

Para decirlo en pocas palabras: la gente estaba cada vez más obsesionada con el contenido digital y como resultado, menos satisfecha con su vida.

En cierto punto la sociedad se dividió en dos grupos: los que compartían todo lo que hacían y los que no compartían nada por miedo a ser juzgados. Es aquí donde empieza la historia de Gah Lin Doh.

Entre el 2035 y el 2036 la raza humana llegó a una situación insostenible donde el 98% de la población era parte de al menos una red social y todos sufrían por una de dos posibles razones:

  • Los que publicaban contenido en redes sociales experimentaban radicales crisis existenciales: la necesidad de mostrarse como seres perfectos les llevaba a la locura.
  • Los que no publicaban se hundían cada vez más en el olvido al ser incapaces de mostrar su creatividad al público, y como todos sabemos (aunque en ese momento no se sabía) la creatividad necesita ser compartida para florecer. Este segundo grupo de individuos se condenó a llenar su vida de excusas para nunca llevar a cabo sus proyectos e inevitablemente se convirtieron en amargados espectadores de quienes sí compartían sus ideas.

Ambos problemas surgían del mismo «error» del cerebro humano: el temor al juicio, o como decían en aquella época: el miedo al «qué dirán.»

Tanto quienes aparentaban perfección como quienes se escondían en las sombras temían al qué dirán. Una dinámica bastante común era el ataque-contrataque, donde un publicador subía a las redes una pieza de contenido, un espectador la enjuiciaba como imperfecta con diferentes ataques emocionales, y en respuesta, el publicador ofendido contratacaba haciendo alguna declaración hiriente.

Aunque algunos lo negaran, todos temían esta dinámica y nadie quería ser parte de ella. Era tan temida que inducía a los publicadores a vivir con ansiedad y aplastaba el ego de los espectadores obligándolos a vivir escondidos.

El problema (si es que se puede llamar problema) era que, por malo que fuera, el juicio no era tan común como parecía.

El temido qué dirán solo era una amenaza real para personas con gran cantidad de seguidores o en casos donde el publicador exponía ideas muy radicales, pero para la persona promedio, era más una leyenda urbana que una realidad.

Para la década de los 30s esta idea empezaba a tomar forma en algunas sociedades emocionalmente adelantadas como la holandesa y la nórdica, pero fue la llegada de Gah Lin Doh y sus Dos Principios Universales del Autoestima lo que salvó a una sociedad a punto de la auto destrucción y la encaminó a convertirse en el paraíso en el que vivimos hoy en día.

La mayoría hemos aprendido los principios universales de Gah Lin Doh en la escuela primaria, así que para no redundar en información innecesaria, me limitaré a hacer una corta mención de los mismos.

Los Dos Principios Universales del Autoestima de Se-Xing Gah Lin Doh

Primer principio: la gente no está tan pendiente de ti como tú crees

Siendo un apasionado del evolucionismo, Gah Lin Doh entendió rápidamente que los humanos sufríamos en exceso por la falta de conocimiento sobre nuestro propio cerebro. Más específicamente, la falta de conocimiento acerca de su funcionamiento.

La gente no sabía que el objetivo principal del cerebro es la supervivencia, y por lo tanto, desconocían los atajos (conocidos como sesgos cognitivos) que toma la mente para mantenernos seguros.

En sus palabras: «así como muchos tendemos a ver el lado negativo a todo lo que nos sucede [sesgo de la negatividad] también tendemos a creer que somos el centro del universo», explicaba, «idea que nos ayuda enormemente a sobrevivir (ya que si nos creemos el centro del universo haremos un excelente trabajo cuidando de nosotros mismos), pero desafortunadamente, nos hace profundamente miserables una vez que nuestras necesidades básicas están cubiertas.»

La enseñanza de Gah Lin Doh es simple: «fíjate en todas las personas a tu alrededor. ¿Qué tan pendiente estás de lo que ellos hacen? Así como tú vives en tu propio mundo donde eres el centro del universo, de la misma forma viven ellos, sin tiempo ni energía para observar tu vida a menos que hagas algo realmente extraordinario.»

»En otras palabras, estás a salvo para hacer lo que quieras, porque por duras que puedan ser las críticas, rápidamente quedarán olvidadas en un mundo donde a nadie le interesa lo que haga su vecino.»

Segundo principio: por mala que pueda ser la crítica, recibirla siempre será mejor que una vida sin creatividad

Gah Lin Doh tenía claro que el qué dirán normalmente amenaza a las personas que exponen su creatividad, pero asimismo sabía que si la forma de evitarla era negando los dotes creativos, la cura sería infinitamente peor que la enfermedad.

Según el filósofo, «la creatividad es la principal válvula de presión que posee el cerebro humano. Nada es tan efectivo para liberar estrés y dar sentido a la vida como un proyecto creativo […] por lo que si una persona evita mostrar su verdadera personalidad y dotes creativos ante la sociedad, se verá condenada a la más profunda de las torturas: una existencia rodeada de la pregunta ‘¿Qué hubiera pasado si…?’»

No son pocos los sabios que han expuesto esta idea, pero sin duda Gah Lin Doh ha sido el único capaz de convencer a la mayoría de la población de esta realidad.

Sin embargo, este logro no fue fácil de conseguir. Tampoco sucedió rápidamente, como sugiere la obviedad de sus enseñanzas.

Pasaron 10 años entre la publicación de su primer documental La Revolución de la Autoestima y la aceptación de su filosofía por el Gobierno Mundial encabezado por George W. Chávez, años que podrían haber sido mucho mejor aprovechados si el temor al qué dirán no hubiera sido tan importante para los humanos en décadas anteriores.

El mundo como lo conocemos

Una vez superada la peor epidemia de salud mental que la raza humana haya conocido (y llegar al borde de la Cuarta Guerra Mundial) las civilizaciones empezaron a progresar de manera tan acelerada que el famoso «crecimiento exponencial» tan citado en la década de los 10s quedó pequeño junto al basto crecimiento en la felicidad, paz y riquezas de los seres humanos y demás animales del mundo.

Una sociedad donde el 10% de la población se sintiera segura de utilizar y expresar su creatividad tardaba solo meses en convencer al otro 90% para hacer lo mismo, lo que daba como resultado ciudades con un 100% de individuos creativos que inmediatamente se expandían sobre sus regiones, países y continentes.

Se dice que los primeros focos de creatividad sin miedo al juicio tuvieron 3 ubicaciones diferentes: Ámsterdam, la capital holandesa, Melbourne, en la costa australiana, y Maturín, una pequeña ciudad/pueblo ubicada en Cuvenezuela (antes República Bolivariana de Venezuela).

Estos tres centros de creatividad fueron suficientes para que la idea de una nueva civilización se extendiera por todo el planeta y en menos de dos décadas (de 2036 a 2051) pasamos de esquivar la guerra a sociedades donde todos y cada uno de los individuos se dedican a actividades que no solo producen dinero, sino que les hacen profundamente felices y mejoran el planeta a un ritmo sin precedentes.

Por todo esto, Se-Xing Gah Lin Doh es reconocido como el máximo artífice de la Nueva Humanidad y padre de las Sociedades Creativas donde el miedo al juicio es inexistente y la codicia es más un recuerdo lejano que una realidad.

Para más información acerca de Gah Lin Doh (sus logros, el Acta de Reforma de Valores con la que convenció el Gobierno Mundial, contenido audiovisual acerca de su vida…) te invito a visitar el Museo Digital Nuevo Mundo (MDNM) y a utilizar las opciones de realidad virtual para experimentar La Revolución de la Autoestima codo a codo con el ilustre filósofo.

Recuerda mantenerte siempre creando y compartiendo. ¡Nuestro hermoso mundo depende de ello!

María Muhammad Chiang, 25 de marzo de 2051 – Madrid, Spaña.


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