El motivo de mi infelicidad

El motivo de mi infelicidad

(El siguiente texto contiene menciones a diferentes drogas ilegales en la mayoría de los países. Este artículo no tiene la intención de recomendar ninguna de ellas, solo informar y entretener con mi experiencia).

Este fin de semana hice un viaje psicodélico. ¿Sabes qué es?

Es lo que experimentas cuando consumes alguna droga psicodélica como LSD u Hongos Mágicos. Si conoces el tema, sabes a lo que me refiero, y si no… Digamos que es algo totalmente diferente a cualquier experiencia que hayas tenido con el alcohol u otras drogas.

Para no sobre-simplificar un tema que requiere un post (o un libro) por si solo, me limitaré a decir lo siguiente: un viaje psicodélico puede o no ayudarte a tener revelaciones. Ideas que nunca se te hubieran ocurrido de otra manera y una claridad imposible de describir en palabras.

Este ha sido mi caso en todos mis viajes (cuatro hasta la fecha), pero el último fue especial por un motivo que explicaré en este corto artículo.

Para empezar, digamos que conseguí un virus en el software de mi cerebro. Un virus que, con toda probabilidad, tú también tienes en el tuyo.

Un mar de posibilidades

En los últimos años me he encargado de construir una buena imagen de mí mismo para mostrar a los demás.

Construir buenos hábitos y tener una vida equilibrada me ayuda a dar la sensación de que tengo todo bajo control, pero como ya saben quienes han leído algunos de mis artículos, no solo tengo problemas sin resolver, sino que normalmente soy yo mismo quien los crea con mi tendencia a sobre preocuparme y sobre analizar todo.

En los últimos meses he experimentado uno de esos problemas que empiezan como una pequeña preocupación y crecen hasta convertirse en un enorme tormento.

De los creadores de «me imagino mi propia muerte» y «quiero renunciar porque le tengo miedo a los fantasmas», llega el nuevo e inigualable «no consigo disfrutar nada en el mundo.»

¿Verías una película con ese nombre? Yo tampoco, pero me ha tocado vivirla desde finales del año pasado hasta llegar a un punto máximo hace aproximadamente un mes.

La cuestión es la siguiente: yo tengo en mi arsenal una serie de actividades que me apasionan y suelo utilizarlas constantemente para mantenerme feliz y saludable. Algunos ejemplos son escuchar podcasts donde aprenda cosas nuevas, visitar a Yampi, uno de mis mejores amigos desde que estoy en España, leer, bailar salsa (Yampi me enseñó), meditar, hacer estiramientos, entre otros.

Este abanico de actividades me sirve para llenar mis días de cosas interesantes que hacer, el problema era que por algún motivo estaba empezando a sentirme ausente mientras las llevaba a cabo. No las disfrutaba al 100% pensando en la próxima actividad, y cuando llegaba el momento de dicha actividad, se repetía el proceso y no terminaba de sentirme como me gusta.

¿El resultado? Preocupación. Miedo.

¿Será que ahora nada me haría sentir satisfecho? Esta pregunta me hacía verme atrapado en una jaula que yo mismo estaba construyendo.

Mi mayor preocupación era que sabía que no se trataba de las actividades en sí. De hecho, todavía las disfrutaba intensamente.

El problema estaba en mí y lo sabía, pero, ¿Qué era?

La trampa de la abundancia

Es aquí donde empieza la historia de mi viaje psicodélico, que me ayudó a determinar la causa principal de mi desesperación: el exceso de control.

Estando en un estado mental totalmente diferente al habitual, pude verme a mí mismo desde otra perspectiva. Me di cuenta de que mi insatisfacción venía de mis excesivas ganas de controlar lo que hago para obtener «la máxima felicidad posible.»

Por ejemplo, podía estar bailando salsa con mi mejor sonrisa mientras preparaba el desayuno, pero mi mente no paraba de preguntarse qué debía hacer para que ese momento fuera aun más mágico. ¿Debía tomarme un café para activarme? ¿Cambiar la canción por otra mejor? ¿Pasar la música de los audífonos a la tele para que sonara mejor?

Todo mi rato bailando se iba en pensamientos repetitivos y cuando me daba cuenta, ya se me había terminado el tiempo de baile y tenía que ducharme para ir a trabajar. Había disfrutado pero no por completo, y mi forma de dar sentido a lo que había pasado era pensar que no había dado con la opción perfecta para disfrutar al máximo del momento.

¿Qué aprendí con los hongos?

Para resumir: entendí que es la búsqueda de esa «opción perfecta» lo que me está robando la felicidad.

Esas ganas de manipular me impiden disfrutar, y la mejor prueba de ello fue lo que decidí hacer durante mi viaje psicodélico: absolutamente nada.

Mientras estaba bajo el efecto de los hongos me di cuenta de lo ilógica que es mi necesidad de controlarlo todo y decidí pasar la mayor parte de mi tarde sentado en el mueble. Fue el mejor día que he tenido en mucho tiempo.

La calma que sentí era tan necesaria que no lo podía creer. Solo en ese momento pude darme cuenta de lo tóxico de mi comportamiento.

Por otro lado, abandonar el control me hizo sacar tiempo para hacer algunas cosas que siempre dejo «para después.» Esa noche me encontré organizando las gavetas de mi baño con una felicidad inmensa porque tenía tiempo para hacerlo, algo inconcebible en mi constante búsqueda por el máximo disfrute.

La utilidad de esta historia

Sé que no soy el único que vive excesivamente pendiente de controlarlo todo. De hecho, esto es de esperarse de la persona promedio que:

  • Puede ver cualquier serie o película en el momento que quiera.
  • Puede escuchar cualquier canción a cualquier hora del día.
  • Tiene una nevera llena de comida y varios supermercados a minutos de casa.
  • Puede hablar con cualquier persona en cualquier lugar del mundo al instante.

Y un sin fin de oportunidades que hace solo 10-15 años (dentro de nuestro propio tiempo de vida) eran imposibles.

La abundancia es sabrosa, pero es importante entender que nuestro cerebro no está bien equipado para lidiar con ella. Los humanos no estamos acostumbrados a la clase de poder que tenemos hoy en día, y para la mayoría, es ese mismo poder el que nos trae problemas.

La misión es aprender a administrarlo para no volvernos locos. En mi caso, entender que más posibilidades no significa más placer fue al mismo tiempo impactante y liberador.

Han pasado solo un par de días de este hallazgo y no pretendo decir que todos mis problemas están solucionados, pero al mismo tiempo sé que (siempre y cuando pueda recordar esta verdad) tendré las puertas abiertas a relajarme y disfrutar como antes, cuando no me preocupaba el disfrute en sí.

Dicho esto, haré algunas aclaratorias.

Aclaratorias

  • Esta es verdad acerca de la extrema abundancia de posibilidades a la que tenemos acceso. Lo dicho en este post no debe ser aplicado a todos los ámbitos de la vida.
  • Es importante reconocer que el estado mental inducido por los hongos mágicos es muy volátil, por lo que esta «revelación» que tuve puede verse afectada por el paso del tiempo. Lo importante para mí es aprovecharla en este momento y seguir desafiándola con nuevas experiencias y pensamientos para comprobar que sea siempre útil.
  • Obvia pero necesaria: las drogas psicodélicas no resuelven problemas. Como mucho (y en mi opinión) te ayudan a ver tu vida desde el punto de vista de un tercero, lo que puede ser muy útil pero solo si sabes manejar la situación, lo que requiere conocimientos y experiencia.

Por último, quiero decir que este post es para todo aquel que en algún momento ha sentido una leve pero constante insatisfacción en su vida—o sea, casi todo el mundo.

Si has sentido esa sensación de que por mucho que hagas o tengas no es suficiente, te invito a que te tomes una tarde libre de decisiones y dejes que las cosas fluyan por unas horas.

El mundo sigue girando aunque tú estés sentado en tu sillón. Recordar esta realidad nos llena de paz y esa es posiblemente la cura que necesitas.

Ese fue mi caso, ahora empieza la práctica.

Nos vemos en unos meses para hablar de los resultados.


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Un comentario en «El motivo de mi infelicidad»

  1. Así es, el disfrutes de uno mismo esta en esas pequeñas ,pero de ( gran importancia ) cosas q dejamos de lado . ( tiempo para uno mismo,( dejar q fluya nuestra imaginación)..

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