El cerebro: un arma de doble filo

El cerebro: un arma de doble filo

Me encantan las teorías evolutivas porque normalmente me ayudan a entender muchas cosas.

Nuestra especie lleva miles de años evolucionando, y saber de donde venimos y por qué hacemos lo que hacemos suele ser bastante útil—al igual que el no saberlo suele traer bastantes problemas.

Uno de los principales motivos por los que los humanos dominamos el planeta es porque somos la especie más neurótica que hay.

Nuestra capacidad de preocuparnos por cosas que aún no han sucedido nos permite protegernos mejor que ningún otro animal del mundo, y aunque podemos estar orgullosos por el resultado, este «súper poder» tiene tantos beneficios como desventajas.

A pesar de que nuestro cerebro es avanzado en algunos aspectos, mantiene viejas costumbres (obsoletas para la vida moderna), y en la mayoría de los casos, dichas costumbres son la raíz de los peores problemas de la humanidad.

Tomemos por ejemplo la codicia: desde el punto de vista evolutivo, los humanos siempre tenemos la mira en acumular recursos en caso de una posible época de escases.

Suena bien, pero… Dichas épocas de escases están prácticamente extintas. No forman parte de nuestra vida como solían hacerlo.

Y por escases no me refiero a que no haya papel higiénico en el supermercado, me refiero a tener dos raciones de comida para los próximos 4 días. Caminar kilómetros para conseguir agua potable—como sigue pasando en algunos sitios.

Esa es la escases a la que estábamos acostumbrados los humanos hasta hace un par de milenios, y teniendo en cuenta que nuestra especie tiene más de 100 milenios, la mayor parte de nuestra existencia no tiene nada que ver con lo que conocemos hoy en día.

El resultado de vivir en un mundo moderno con instintos prehistóricos es que terminamos robando, siendo tacaños y creando redes de crimen organizado en sociedades donde siendo generosos podríamos tener mucho más éxito. ¿El problema? La mayoría de la gente no lo sabe porque está consumida en la codicia: el instinto obsoleto.

Los celos, la arrogancia y la sed de poder son otros ejemplos de instintos (casi) obsoletos, pero el que hoy nos interesa es…

El pensamiento compulsivo

«Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron.»

Michel de Montaigne

Pasar el día entre pensamientos nos protege de muchos peligros, pero cuando dichos peligros son casi inexistentes, la mente se convierte en un constante ir y venir de ideas y preocupaciones que no sirven para nada.

Un claro ejemplo son los pensamientos de muertes brutales que solía tener: cuando puse la lupa sobre ellos, me di cuenta de que su verdadera finalidad era protegerme.

En otras palabras: la intención era buena, pero estaba sufriendo sin necesidad.

Imagínate pasar tus días imaginando cómo sería morir quemado o ahogado. Sí, te salvarías de quemarte o ahogarte, pero ¿Qué clase de vida es esa?

Asimismo he tenido pensamientos negativos acerca de mí mismo que intentan alejarme de la crítica de los demás. He pensado que si me critico a mí mismo, mejoraré lo suficiente como para evitar gran parte de la crítica ajena, pero de nuevo, ¿Qué clase de vida es esa?

Qué hacer al respecto

Lo ideal sería aprender a calmar nuestra mente como lo haría un monje, pero ya que esto tomaría años de trabajo, te propongo un primer paso para comenzar a controlar el sufrimiento que producen los pensamientos: sé compasivo contigo mismo.

Entiéndete. Aprende a identificar qué pensamientos te producen determinadas emociones y qué emociones te hacen más propenso a determinados pensamientos (a este ciclo se le llama «bucle de retroalimentación» o feedback loop).

Esto se consigue rápidamente con un poco de práctica e intencionalidad. A medida que lo hagas, empezarás a identificar patrones de pensamiento-emoción que se repiten en tu mente, práctica que por sí sola te hará dar un salto de calidad de vida.

Luego puedes ser más filosófico al respecto e intentar determinar qué relación tienen dichos patrones con tu situación actual y las experiencias de tu infancia (influyentes en nuestra forma de ver el mundo), pero este es un territorio en el que no todo el mundo está interesado.

Nota: en caso de que tú sí estés interesado/a, te recomiendo ir a psicoterapia. Es muy útil para aclarar ideas.

Enfocarte en observar tus pensamientos y reconocer patrones es un excelente comienzo. Te sorprenderá saber lo poco que te conoces a ti misma/o en algunos aspectos.

Quiere a tu cerebro

De vez en cuando te hará malas jugadas, pero siempre tiene buenas intenciones. Solo quiere cuidarte y cuidarse a sí mismo.

Su problema es que no está muy acostumbrado a la vida moderna, pero con un poco de práctica y compasión, aprenderás a ver la utilidad que tienen las emociones y pensamientos que la mayoría consideramos «negativos.»

La mente es un arma de doble filo, pero eso no quiere decir que prefiramos no tenerla.

En realidad, lo que queremos es entenderla, y hacerlo es un proceso que todos podemos empezar hoy mismo.

Llevará tiempo, pero valdrá la pena.


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